POR EDUARDO VAIANELLA
UNA MIRADA SOBRE LAS CONSECUENCIAS DEL BLOQUEO EMPRESARIAL QUE ACABA DE SUFRIR EL PUEBLO Y LAS LIMITACIONES PROPIAS
Escribo en la mañana en que existen indicios ciertos que las cuatro entidades promotoras del lockout agrario, decidirán levantarlo por 30 ó 60 días, para habilitar una “mesa de concertación” con las autoridades gubernamentales. Esto permitirá que muchos ánimos se tranquilicen, muchas góndolas vuelvan a mostrar la mercadería que hoy brilla por su ausencia y, esperemos, vuelvan atrás ciertos precios que el desabastecimiento y la especulación consiguiente, elevaron a las nubes.
Es tiempo de reflexión y aprendizaje. Es el momento de rescatar el aspecto positivo de la palabra “discriminación”. Siempre es deseable el análisis fino de las situaciones complejas, pero en tiempos como los actuales es vital hacerlo.
Hemos visto, leído y escuchado generalizaciones que por ofuscación, impericia, desconocimiento o planificación deliberada, plantearon escenarios extremos e inadecuados. Campo/Gobierno, peronistas/antiperonistas, blancos/negros, abundancia/miseria, oficialistas/opositores son dicotomías de barricada, que en nada ayudan a la comprensión necesaria para alumbrar decisiones correctas.
Los sectores más reaccionarios de nuestra sociedad, siempre atentos a intentar detener todo avance popular, manipularon el tema “suba de retenciones” con indudable acierto. Una medida que buscaba derivar una parte de las ganancias extraordinarias de grupos económicos hiperconcentrados en beneficio de las mayorías, pasó a ser vista por una buena parte del conjunto social, como algo injusto y confiscatorio, que “le metía la mano en el bolsillo” a los sacrificados “hombres del campo”.
Sin desconocer esta perversa tergiversación, quiero centrar estas líneas en nuestras propias equivocaciones, ya que son las únicas que podemos intentar corregir para consolidar así una base suficientemente sólida que enfrente tamaño poderío.
Estimo que el gobierno nacional cometió el gigantesco error político de ayudar a crear la figura abstracta de “el campo”, con una medida que no diferenció a las huestes de Miguens o las miles de hectáreas de los Grobo de las pequeñas parcelas trabajadas por verdaderos agricultores. Si bien es cierto que el esquema de retenciones sólo se aplica a la soja y el girasol, y que su carácter de móviles permite que hoy la diferencia sea sólo de 2 puntos por encima de las vigentes al 10 de marzo, la torpeza del gobierno permitió la paradoja de que los gigantes se escondieran detrás de los pequeños. Me duele imaginar las risotadas de los grandes terratenientes, los inversores de los pool de siembra y los accionistas de las trasnacionales de los agroquímicos y la exportación, ante el lamentable espectáculo de que sus explotados les estuvieran defendiendo en los cortes de rutas, sus billeteras, con un fervor digno de mejor causa. Algo similar deben haber sentido los gestores del golpe del 55 al ver la Plaza de Mayo repleta de personas que los vivaban, y cuyos intereses iban a vapulear a partir de ese mismo día.
Otro tanto se observó en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, donde las amas de casa de clase media –no me refiero a las caceroleras paquetas- y los pequeños comerciantes de carnicerías, granjas y verdulerìas de barrio, echaban pestes contra “el gobierno y los políticos corruptos” porque escaseaban cada vez más productos y los que había mostraban precios insólitos. Este discurso se contagiaba fácilmente al diariero de la esquina, el mozo del bar o el infaltable taxista, generando un clima enrarecido que exaltaba pequeñas diferencias y borraba comuniones profundas.
En síntesis, ya bastante poderosos son los sectores que concentran la producción, la comercialización y las finanzas, como para encima regalarles a los que, indudablemente deben integrar, como aliados, un frente popular de liberación. Aquí también habrá que preguntarse si ayuda a la conformación de este agrupamiento imprescindible para la lucha por venir, el recuperar las calles a lo D•Elía. Es probable que la tilinguería sin freno podría haberse contagiado y estimulado a otros a sumarse al “cacerolazo de teflón”. Pero desconocer que las imágenes de violencia explícita asustan y alejan a los sectores medios, puede ser un caro error.
Ya que considero imprescindible dedicar un párrafo aparte a la actuación de los medios de comunicación masiva, en especial la televisión, me pregunto si lo que presenciamos en estos días, hubiera sido posible de haberse modificado la Ley de Radiodifusión de la dictadura, que permitió en este terreno, una concentración igual a la que se aprecia en otros rubros estratégicos de la vida nacional. Tampoco podemos pasar por alto el dislate del gobierno de Néstor Kirchner, de haberle prorrogado las licencias por casi dos décadas a sus propietarios actuales.
Estos medios, como siempre, jugaron a crear la ficción de que había dos bandos en pugna –en este caso “El Gobierno” y “El Campo”- y ellos, encarnación del “periodismo independiente”, sólo trasmitían la verdad incontrastable de las imágenes y la voz de la ciudadanía. Apelaron a trucos, tan burdos como efectivos sobre el imaginario social, como la pantalla “partida”, donde el discurso de la presidenta de la Nación resulta equiparado a una sola persona con el pulgar hacia abajo o haciendo un gesto obsceno o mostrando un cartel insultante y descalificador.
La leyenda de “Paro histórico” que acompañó buena parte de la “trasmisión en cadena” es otra de las perlitas de estos días. No se trataba de un paro sino de un lockout y, si algo tenía de histórico era, como bien lo aclaró el diputado Coscia, que los intereses que lo fogoneaban venían atentando contra el pueblo desde el fondo de los tiempos.
El sólo pensar en la cantidad de publicidad que no pasaron, debería hacernos reflexionar sobre lo bien que ellos saben discriminar entre lo principal y lo secundario (¿habrán leído a Mao en secreto?). Dejaron de vender jabones o autos para vendernos, subliminalmente, una cosmovisión que les hace ganar, en el mediano y largo plazo, infinitamente más.
Otro dato no menor fue el tiempo en pantalla que generosamente dispensaron a los más exaltados “representantes del campo”, entre los cuales descolló el dirigente de la Federación Agraria de Gualeguaychú Alfredo De Angeli, a quien se le brindaba micrófono y aire inmediatamente después de cada discurso presidencial, transformándolo, de manera artificial, en “interlocutor válido” de la palabra de la máxima autoridad nacional. Por el contrario, fue casi inexistente la presencia del mensaje de otros campesinos como los integrantes del MOCASE que denunciaron, refiriéndose a la Sociedad Rural y a la Federación Agraria, que "…están confundiendo a la gente, que sale a apoyarlos pero no sabe ni a quiénes apoya". "Están apoyando a los que todos los días nos están fumigando, contaminando las aguas, matando los animales, desapareciendo las semillas, para que nosotros tengamos que irnos a la fuerza de nuestras comunidades a engrosar las villas miserias”.
Tampoco apelaron a la demoledora sensatez y memoria de la dirigente pampeana del Movimiento Mujeres Agrarias en Lucha, Lucy de Cornelis, quien recordaba que “Cuando desaparecían los chacareros porque se suicidaban, perdíamos las vacas madres para pagar las deudas, remataban nuestra maquinaria agrícola, la Sociedad Rural nos vallaba y nos hacía llamar las locas”.
En definitiva, creo que el error consistió en separar donde había que unir y mantener concentrados donde la clave es desagregar. La Federación Agraria jamás debería haber compartido la foto con la Sociedad Rural, ni haberle prestado número a una entidad de y para pocos. El anuncio de medidas de compensación para los pequeños productores, ciertamente unido al desgaste que fue sufriendo la medida de fuerza al afectar a millones de usuarios y miles de otros trabajadores (frutihortícolas, transportistas, criadores de pollos, etc.), logró la debilitación del frente opositor y el levantamiento del lockout. Si se hubieran tomado y anunciado antes y no después, los terratenientes tendrían o que haber buscado otra excusa para su protesta o salido aislados a defenderla, y así blanquear ante la sociedad sus verdaderas intenciones.
Por su parte un frente popular deberá encontrar los puntos de coincidencia entre diversos actores que, al menos coyunturalmente, comparten intereses y enemigos, trasmitiendo con claridad efectiva, estas grandes líneas de unión. A la vez, esto permitirá incidir con peso, en la dirección de políticas de estado que busquen detener la concentración y extranjerización de los resortes de nuestra economía. Comprendo la enorme resistencia que encontrará la aplicación de tales reformas estructurales. En este sentido estos veinte días ilustran con claridad de qué es capaz el gran capital cuando ve afectado, aunque sea minimamente, sus privilegios, dato que no deberían pasar por alto los que ven la posibildad de llevar adelante una profunda reforma agraria a la vuelta de la esquina.
Un último comentario sobre las actitudes de ciertos grupos y dirigentes de la izquierda y el progresismo. Algunos de los primeros confundieron lockout patronal con rebelión campesina. Otros escribieron “lucha entre capitalistas”, equiparando a Moyano, D•Elía y Yasky con Telefónica, Repsol y Peugeot. Por su parte algunos “progres” no pudieron evitar en sus comentarios un antiperonismo visceral que empaña sus pretendidamente, sesudos análisis. No creo que ni unos ni otros sean nuestros enemigos pero sí que les resultan tristemente funcionales.
En síntesis, unamos y fortalezcamos el campo popular, el enemigo, en su terreno, hace siglos que aprendió a hacerlo.
Eduardo Vaianella
2 de abril de 2008
Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas



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